La lluvia en el patio o en la plaza

                                                           

A Canfort llega el viajero que lo busca y tiene suerte cada 11 de  septiembre. Sobre este aspecto no hay discrepancias. Y deberá situarse el viajero buscador mirando al Oeste lo más próximo que pueda del mar, entonces, si es un elegido para pisar la tierra donde purifican el idioma castellano, será el propio Canfort el que se aproxime a buscarlo y allí le enseñarán los secretos de los sabios que lo guardan y hablará un idioma tan puro como cristalinas aguas que no ha visto ser humano.

Nadie conoce a nadie que haya pasado por Canfort, pero todo el mundo sabe que hay gente que ha estado allí. Talvez por eso nadie sabe como es, pero todo el mundo se lo imagina.

Unos dicen que es una isla con forma de H y que sus edificios tienen las formas de cada una de las letras del abecedario donde habitan los filólogos, encargados cada uno de su letra, donde, desde que sale el sol hasta que se pone, buscan la pronunciación perfecta, que es como la piedra filosofal de los alquimistas, y que el día que lo consigan todos al unísono, no hará falta saber castellano para hablarlo, pronunciarlo y entenderlo.

Otros sostienen que no se parece en nada a una isla, y que es una porción de tierra rodeada de mar por todas las partes menos por una, y esa una es la que la comunica con todas las tierras habitadas o no del planeta Tierra, y son estos a los que se les oye decir: "Canfort se parece a una sartén", y explican que nadie conozca a nadie que la haya visto porque es invisible, pero existe en lo invisible, que es una forma como otra de existir. Y sobre ella caminan, no de forma circular, los guardianes del idioma, llevando cada uno sobre sus espaldas cada una de las letras del abecedario talladas en mármol, lo que hace suponer que son pesadas, lo cual les ayuda a concentrarse para buscar la pronunciación perfecta, y el día que lo consigan de manera consecutiva, empezando por la A y terminando por la Z, no hará falta saber castellano para hablarlo, entenderlo y pronunciarlo. Son estos los que sostienen que es algo que empieza por el principio y termina por el final, pero son pesimistas, y siempre que lo cuentan, cuando terminan de narrarlo dicen: "Jamás lo conseguirán". Y los que escuchan abren los ojos desmesuradamente con interrogaciones en sus caras, entonces dicen: "Es que se olvidaron de los puntos, las comas, las diéresis, apóstrofes y todas esas pequeñas cosas, y así es imposible". Luego se ríen y buscan miradas de complicidad para su causa, y como casi siempre encuentran alguna, jamás se apean de sus teorías, pero nunca aclaran si caminan en línea recta, en zigzag o formando eses.

Otros dicen que Canfort existe pero que no existe, que es una forma de existir parecida a cualquier otra, y ponen como ejemplo la luz de las estrellas que pueden estar apagadas y su luz viajera todavía es visible, por lo que es imposible discernir si la estrella existe o no, tal como Canfort. Pero de existir, dicen, tendrá forma de nube y la nube tendrá forma de barco que solo verán los niños, y los guardianes del idioma castellano también serán de nubes, pero más oscuras que las que forman el barco, por eso se podrán ver por los ojos de buey de la nube con forma de trasatlántico, y que cuando discuten saltan chispas que las verá todo el mundo que esté cerca de donde se produce la tormenta. Son estos los que sostienen que las chispas que saltan son las denominadas rayos o relámpagos y que para hablar, entender y pronunciar bien el castellano harían falta unos instrumentos donde pudieran recogerse esos rayos o relámpagos, luego envasarlos y repartirlos en dosis pequeñas, entonces no haría falta nada más para que todos habláramos, entendiéramos y pronunciáramos un castellano más puro que los españoles. Pero esta teoría no les gusta a los ingleses y se ríen, siempre que pueden mientras toman cerveza, de quiénes la sostienen. Y los sostenedores dicen con voces despectivas mientras toman cerveza: "No ofende quien quiere, si no quien puede". Entonces se forman tremendos líos, porque los ingleses ofenden y a la vez son ofendidos y cuando salen de Inglaterra con sus equipos de fútbol rompen todo lo que pueden porque están resentidos y la policía los detiene porque también está resentida. Y los que no sienten pasión por el fútbol, salen con sus paraguas, aunque no llueva, a dar paseos por el campo y están contentos porque hablan inglés desde pequeños, tienen costumbres y usos rígidos y les gusta alardear de que a las cinco de la tarde se paraliza todo para tomar el té. Sin embargo, hay muchos discrepantes, por no ser todos los que se detienen para tomar el té, entre estos están los que lo sirven en los restaurantes, casas de té, pubs e incluso casas particulares en las que llueve en el patio como en las demás por carecer de tejado. Mientras, los castellanos, a las cinco, se levantan de la siesta a veces de mal humor, y se van a los toros, donde, a veces llueve, como en el patio de los ingleses.

                                                       California - copia

                                                                         Texto y foto: Francisco Devesa

 

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