Paranormal

Eva aún no había comido la manzana y los animales hablaban. Hablaban alemán, castellano, catalán, inglés e incluso, algún tucán empollón, conocía al dedillo el chino mandarín; si bien, sólo algún pez de arrecife y las ovejas merinas, dominaban y se expresaban con corrección en árabe.
Una tarde de mayo o talvez de abril se dijo la zorra: Tengo un hambre atroz, voy a dar un paseo por el territorio de las gallinas y así veré si puedo embaucar a una que esté rolliza y tendré comida para dos días.
Antes de cinco minutos la zorra estaba cerca del gallinero escuchando las conversaciones de las pollas, que comentaban cosas de pollos en la lengua de Voltaire. Una, ya pechugona, guapa y con buena presencia, se había subido a una esquina de la fortaleza, de red metálica, que las protegía y, escuchando a sus compañeras miraba a la zorra de forma distraída… Así estaban cuando una madre llamó a dos de las jóvenes que charlaban; ante el reclamo, todas bajaron el tono de sus diálogos y se fueron yendo unas detrás de otras con discreción; momento que aprovechó la zorra para hablar con la gallina, que seguía con los ojos clavados en ella:
Hola, señora, ¿cómo está hoy? Por ahí se comenta que se ha torcido una ala y ahora no puede volar; una lástima, pues su fama de profesora de vuelo está en boca de todos, tanto, que me he acercado por si la suerte me era favorable y así poder verla realizar una de sus acrobacias aéreas desde ese muro hasta aquel árbol, y señaló a un olmo de mediana edad que se encontraba a unas treinta brazas de donde se posaba la gallina.
La gallina infló la molleja, con el pico se rascó debajo del ala izquierda y, con ojos y rostro inexpresivos, miró a la zorra sin decir clo. Durante la larga pausa el silencio fue roto por los graznidos del cuervo de Carver, luego se prolongó la quietud a través de todo el Edén y el silencio era tan profundo, que ni el aleteo de la mariposa que produciría el huracán al otro lado del mundo se escuchaba. La zorra se recostó sintiéndose observada por la gallina. La gallina alisó las plumas sintiéndose observada por la zorra y, para si misma, se dijo en un perfecto castellano con acento gallego: Esta pobre zorra aún no se ha enterado de que las gallinas hemos perdido la capacidad de atravesar grandes distancias por el aire o, talvez, lo más probable es que tenga hambre y lo que busca es incitarme a realizar un vuelo imposible que me conduzca de forma inevitable a sus dominios para paparme… mejor no le contesto y voy a ver si encuentro, en nuestro acogedor recinto protector, algún gusano…
Te he escuchado, gritó la zorra, y estás equivocada, ya he comido y merendado…
Imposible que escuchases, dijo la gallina sorprendida, si no he hablado, sólo he pensado.
Lo sé, dijo la zorra con enfado en la voz, pero es que a parte de tener orejas para oír y el don de las palabras en diferentes idiomas, también poseo la gracia de la telepatía.

Texto e imagen:

F. Devesa

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